El otro dÃa me dijeron
“y tú con tu niña,
de arriba para abajo,
yendo y vieniendo”
Y es verdad. Tanto lo he peleado que, al menos en mi pequeño micromundo, lo he conseguido. Unir mis vidas. Mis amores. Mis pasiones.
Mi familia. Mis trabajos. Mis amigos.
Es verdad con ella para arriba,
con ella para abajo.
con ella sentada a upa mÃo ahora que escribo.
Con ella bailando mientras atiendo la llamada de un cliente.
Con ella en carcajada pura cuando siento que un proyecto se está por caer y en la resonancia de su risa me cubre el ánimo.
Poder ir a tomar un vino con él.
Tomar cafés con amigas y con ella corriendo a mi lado, con ella bailando, con ella, con ella.
Sà es verdad que más de una vez oigo un “Pobrecita ya está dormida, es que claro no son horas” o “no es sitio para un bebé” o… o… o… y siempre, en cada caso la miro, la abrazo, le beso la cabeza que está pegada a mÃ, a sus pechos, y la miro dormir, o sonreÃr pegada al cuerpo de mamá, ella sentada en mà y yo sujetada a ella y al rebozo y pienso si realmente serÃa mejor para ella quedarse acostada en una cuna en casa con alguien más que la cuide.
Que si ir al banco, que si ir a cobrar, que si ir a ver negocios, ir al super, ir a comprar, ir a ver a una amiga en llanto. Vivir.
Por mi parte si lo hago asà es porque claramente creo que es lo mejor para ella. La gente siempre la saluda, siempre le dan sonrisas, le tiran besos y le cuentan cosas. Y ella contesta, según le da la gana y según le de la gente.
Esa es la vida a la que ella vino.
Y sà la vida cambia con un bebé, y sà me gustarÃa poder estudiar (no dejar los libros secarse al lado de la cama) y me gustarÃa algún dÃa retomar la novela, y me gustarÃa algún dÃa irme a cenar con él. Y todo llegará. Porque la vida se abre espacios cuando lo buscamos y mientras tanto espero y sigo trabajando, viviendo, leyendo (menos), disfrutando y hasta bailando.
Y acá sigo, aprendiendo la batalla de compartir mundos emocionales.
Y hoy, aunque temerosa de lo que vendrá, orgullosa, de haber conciliado largas jornadas de trabajo, con una maravillosa y lactante bebé de casi 18 meses, un marido papá que no deja de sonreÃrnos y un montón de amigos. Y la vida sigue. Y hoy, por primera vez en mucho tiempo. Siento que lo conseguÃ. Qué pase mañana no lo sé. Pero la primera batalla ha salido bien.
Ahora vendrá la etapa de redescubrir los libros para mà y el descubrir la lectura solitaria de a ratos para ella.
¡A jugar se ha dicho!